Araya, fue una coproducción franco-venezolana de 1959 que aborda en 82 minutos la vida de los trabajadores de las salinas. Dirigida por Margot Benacerraf esta película cumplió el año pasado 50 años de su exhibición en el Festival de Cine de Cannes, donde fue galardonada con el Premio de la Critica Internacional, conjuntamente con Hiroshima mon amour. También ganó el Premio de la Comisión Superior Técnica.

Esta obra es una de las más importantes de los 50 no sólo en Venezuela, sino también en América Latina.  Araya fue escogida como una de las cinco mejores películas en la historia del cine latinoamericano, dentro de la Retrospectiva de Latin American Visions (A Half Century of Latinamerican Cinema 1930-1988), organizada por el Neighborhood Film/Video Project de Philadelphia en 1990.

En una entrevista de la revista Vértigo, Benacerraf cuenta sus anécdotas y lo que la movió a hacer este film:

“Tuve que esperar tres días a que el ferry saliera para Araya, que está a una hora escasa. Fui con la curiosidad que tenía y llegué un fin de tarde, eran como las cinco, y vi la luz reflejada encima de las ruinas del castillo. Quedé muy impresionada porque era una masa gigantesca. Lo que quedaba eran piedras y pedazos de muralla, pero se veía que había sido un castillo enorme.

Comencé a recorrer la península en jeep, a empezar a inventar una historia con tres familias en tres pueblos distintos. Digo inventar porque las familias que están en la película son inventadas. La abuela y la niña no son de verdad abuela y nieta. Yo las junté porque me interesaba. Los enamorados se odiaban a muerte. Era comiquísimo. Empecé a manipular todo eso porque creo que un autor tiene derecho a trabajar la realidad. Dije: “Esto no es un documental”…

A mí lo que me interesaba era ese lugar tan extraño, tan difícil y con esos personajes tan maravillosos, esas familias. En medio de esa adversidad tenían esa dignidad y hasta ese sentido poético. Fíjate que no hay una flor, no hay un árbol, y ellos sentían la necesidad de decorar las tumbas de sus muertos. Entonces agarraban los caracoles de mar”.

Otro artículo publicado en Miradas de Cine reflexiona sobre lo que socialmente significa este film, en el marco de la explotación petrolera y el auge económico que vivía Venezuela:

“Ese país pujante y en franco desarrollo, abierto a la inmigración y con un proyecto promisorio, con el histórico pasaje de la dictadura a la democracia, será en parte, la contracara de lo que nos ofrece Araya, pues nos muestra una región que no acusa ese vertiginoso auge e impulso creciente de un país que va transformándose para pasar de lo rural a lo urbano, con un cariz casi cosmopolita. Lo que sí existe detrás de Araya es la realidad de una clase intelectual, cuyos miembros se convertirán en  protagonistas culturales que proyectan su obra más allá de las fronteras del país, que se nutren de conocimientos en París o que viven holgadamente en las zonas más caras de Caracas y envían a sus hijos a estudiar a Europa”.

Naranjas de Hiroshima publicó un post sobre esta película que me recordó la magia de Araya,  y además subió el film. Ahora podemos compartirlo.